Aldabe es el monte que los iruneses conocemos popularmente como San Marcial.

Tiene una altitud de 225 m. 

Fue en el siglo XVI cuando Don Beltrán de la Cueva, capitán general de Gipuzkoa, decidió construir una ermita en la cima  para conmemorar la victoria sobre el ejército franco-navarro en la batalla del 30 de junio de 1522.

En aquella fecha, un pequeño ejército comandado por el duque de Albuquerque, junto con la milicia popular de Irun, derrotó al enemigo liderado por Enrique II de Albert .

Su propósito inicial era edificar un monasterio para frailes, pero el pueblo quiso una ermita en honor de San Marcial, santo de aquel glorioso día.
En 1796, la primitiva ermita fue destruida en un incendio, provocado por un rayo,  siendo reconstruida en 1804 e instalada la nueva imagen.

El 31 de agosto de 1813 tuvo lugar la segunda batalla de San Marcial, donde el ejército español, apoyado por contingentes anglo-portugueses al mando de Wellington, derrotó a las tropas francesas del general Soult, que trataban de ir en ayuda de la guarnición francesa de San Sebastián.

En 1899 se constryó la carretera que conduce a la ermita. En recuerdo de ello, en el exterior de la misma, adosado a una de las paredes laterales, existe un pequeño monumento donde se guardan los nombres de quienes contribuyeron a la obra.

Tras numerosas reformas, en 1910 se erigió la torre. 

 A escasos metros de la ermita hay un pináculo de piedra labrada con lápidas conmemora las batallas de San Marcial: la de 1522 citada anteriormente y la librada el 31 de agosto de 1813 contra las tropas napoleónicas.

La ermia fue saqueada saqueada y quemada en varias ocasiones. La más reciente con motivo de la contienda civil de 1936.

En marzo de 2009 la ermita fue objeto de una importante remodelación. Desde entonces, cuidada con esmero, luce en todo su esplendor.

El interior de la ermita contiene un retablo barroco policromado con la imagen de San Marcial en el centro.

A la derecha la de San Ramón y a la izquierda la de San Ignacio de Loyola.

Se pueden contemplar también pequeñas  vidrieras dedicadas a la Virgen de Aránzazu.

El monte San Marcial bien merece una visita aunque solo sea para contemplar las impresionantes vistas de la desembocadura del Bidasoa, desde el mirador situado a escasos metros de la ermita.